martes, 23 de junio de 2020

HOY NACE MICAELA BASTIDAS PUYUCAHUA

| UN DÍA COMO HOY NACE MICAELA BASTIDAS PUYUCAHUA

Hiatoriaperuana.pe señala a Micaela Bastidas Puyucahua como heroína de la emancipación. Nace el 23 de junio de 1744. Su lugar de nacimiento es objeto de muchas conjeturas, de modo que algunos historiadores la dan por nacida en Pampamarca (actual provincia de Canas en Cuzco), mientras otros afirman que nació en Tamburco, distrito perteneciente a la provincia apurimeña de Abancay, y hay quienes señalan que nació en la ciudad misma de Abancay del departamento de Apurimac.  Lo cierto es que fue hija del español Miguel Bastidas y de la india Josefa Puyucahua

Su testimonio del 20 de abril de 1781 figura en el expediente judicial de la Real Audiencia de Lima. El contenido del expediente judicial es sumamente claro y contundente con el testimonio de Micaela Bastidas, quien en el proceso afirmó: “Y siendo preguntada, cómo se llama, de dónde es natural, su edad, estado, calidad, y si sabe la causa de su prisión, dijo: llamarse Micaela Bastidas, natural del pueblo de Pampamarca, que es mayor de 25 años, casada con José Gabriel Túpac Amaru, cacique de Pampamarca, Tungasuca y Surinama, y que sabe estar presa porque su marido mató al corregidor Arriaga”.

Creció en el pueblo de la Asunción de Pampamarca, donde por su condición y arraigo económico logró figurar entre la gente española. José Antonio del Busto afirma que la suya era una familia de la aristocracia pueblerina, que basaba su importancia en la agricultura y la ganadería. La niña mestiza se crió con sus hermanos Antonio y Miguel Bastidas, así como con sus tíos maternos Narcisa y Marcelo Puyucahua. Físicamente era una mujer de singular belleza, con porte distinguido y esbelto cuello, no obstante que sus enemigos más tarde se referirían a ella motejándola con el nombre de zamba. 

No mucho se conoce de Micaela, pero Alfredo Sumi Araña destaca y describe pasajes de su vida, en "El Liderazgo de Micaela Bastidas Puyucahua"  de la Universidad Nacional Micaela Bastidas de Apurímac, cuenta en sus párrafos el romance con Gabriel Condorcanqui (Túpac Amaru II).

El 01 de diciembre de 1976 se publica en el diario oficial El Peruano el decreto Ley 21705 que declara de  importancia histórica la celebración del Bicentenario de la Rebelión emancipadora de Tumaco Amaru donde se reconoce expresamente a Micaela Bastidas como precursora, prócer y mártir de la rebelión, donde también aparece el nombre de su esposo, Túpac Amaru.

Micaela fue ejecutada, estrangulada en el garrote vil y rematada con patadas en el vientre. 

Por su parte Alfredo Sumo narra lo siguiente: En aquella época no era costumbre dar instrucción a una mujer. Incluso a las hijas de los españoles les enseñaba solo canto y baile. A pesar de ello, Micaela aprendió a leer y escribir, cosa que no era común para una hija de padres no españoles. Por eso estaba al tanto de todo y se atrevía a discutir sobre las injusticias que cometían el corregidor y otras autoridades españolas.

-Todos los hombres nacemos iguales y tenemos los mismos derechos.
-¿Qué? ¡Cállate¡ ¿De dónde diablos sacaste eso? Si te escuchan las autoridades será nuestra perdición. No vuelvas a tocar el tema. Gritó el padre.
-Papá, en Francia, la gente se ha levantado contra el rey. Ahora todos son iguales.
-Por favor Micaela, haz caso a tu padre, cállate por favor. Le pidió la madre, tratando de cortar la conversación.
-Yo no le tengo miedo al Corregidor ni al Virrey. La hija del hacendado me ha dicho que en su último viaje a España se ha enterado que los reyes darán leyes más duras para sacarnos más impuestos. Si no hacemos nada nos exterminarán.
-No hables más por favor. No olvides que hasta las paredes tienen orejas.
-Bueno, me voy a la hacienda para seguir estudiando con mi amiga.
Y salió hacia el salón donde los arrieros ya se hallaban esperando el desayuno. Al verla, José Gabriel hizo un ademán de saludo, pero su intento se estrelló contra el rostro imperturbable de Micaela, seguramente por la discusión que tuvo con sus padres. Y antes que terminara de cruzar la plaza sacó el libro que él le obsequió para seguir leyéndolo.

José Gabriel no esperó que le trajeran el desayuno. De un solo salto subió a su caballo y fue tras ella. Luego de trotar unos minutos la alcanzó y la invitó a subir para llevarla a donde ella quisiera. Micaela, entre sorprendida y seria, no le respondió ni una sola palabra. Al contrario, apuró el paso como queriendo huir, hasta que José Gabriel resolvió apearse del caballo y caminar junto a ella pidiéndole que le dejara por lo menos acompañarla.

Quizás el tema de la lectura del libro de Rousseau fue lo único que la convenció a Micaela para hablar con José Gabriel.
A partir de ese momento en cada viaje él jamás le hizo faltar un libro y sus conversaciones giraban en torno a sus lecturas y los cambios sociales que estaban ocurriendo en el mundo.
Hasta que un día, Micaela accedió a una invitación de José Gabriel para subirse a su caballo y dar una vuelta por los alrededores de Tamburco, diciéndole qué mejor que ella se convierta en su guía.

-¿Conoces Angasqocha? Preguntó la muchacha.
-No, ¿Dónde está?
-En un lugar oculto. Muy pocos lo conocen. Es una laguna muy bella en medio de un bosque de intimpas.
-¿Intimpas? Primera vez que escucho esa palabra. Vamos. Total, contigo iría al fin del mundo.
Allí, en las faldas del Ampay, donde reina el árbol del sol, entre garbancillos, helechos, chilcas y huancarpitas, en medio de orquídeas y huamanchilas, estaba la hermosa laguna. Y allí José Gabriel le declaró su amor.

Un silencio frío se apoderó del ambiente, mientras el joven arriero esperaba la respuesta de la muchacha que había logrado horadar su corazón. Pero esta no llegaba.
Aquella muchacha, que parecía decidida, sin temor de decir todo lo que pensaba y sentía, esta vez se hallaba atrapada en un mar de dudas. Hasta que el vuelo de un colibrí la hizo despertar de su letargo y, mirándolo en los ojos, le dijo:
-No te puedo responder ahora. Déjame pensarlo. Porque cuando ama una mujer abanquina ama para toda la vida, salvo que la traicionen.
Una vez más José Gabriel quedó asombrado con la reacción de aquella misteriosa joven. Todo podía imaginar pero no escuchar de sus labios esa respuesta. Sus títulos de noble, sus estudios en el mejor colegio del Cusco, sus lecturas de los mejores libros, su éxito en los negocios, su reputación, todo, absolutamente todo se derrumbaba en ese instante.

Jamás mujer alguna le había rechazado una propuesta de amor, en Cusco ni en Lima. Esta era la primera vez que le pedían una espera. Claro, tampoco él había conocido lo que era el verdadero amor.
-Es mejor para ambos, eso nos dará tiempo a los dos para pensarlo mejor. Afirmó la muchacha.
José Gabriel, inhaló aire y dio una fuerte palmada como reconociendo que había perdido su primera batalla de amor.
-Está bien, tú tienes la razón.
Con el ruido de sus manos, las mariposas se elevaron y empezaron a revolotear a su alrededor. Las tarucas y vizcachas corrieron cuesta arriba y el oso de anteojos, subido en un árbol, los miraba entre asustado y curioso.
A su retorno, ambos fueron dominados por un silencio frío, inexplicable y tenso. Revisaban mentalmente su actitud. José Gabriel se reprochaba por dar a conocer sus sentimientos a una muchacha que recién conocía, en la primera cita y Mica por manifestar sus dudas con toda franqueza.
Al final del camino, ella se quedó en la hacienda y él decidió continuar viaje ese mismo día.

A la distancia, aquella chispa de amor que se había encendido en sus corazones fue avivándose, al punto de convertirse en una verdadera hoguera de amor. 

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